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CARTA A LOS QUE ME DIERON VIDA





CARTA A LOS QUE ME DIERON VIDA



Llegó el día… No se enojen los querían despedidas, pero no me gustan, ni tampoco creo en ellas; y los que me conocen mejor saben que soy “un poco raro”, a veces poco comunicativo y a veces un poco distante, pero así soy. Así he resultado. Todos vivimos en una sociedad cada vez más extraña, no caben dudas y quizá, algunos de nosotros, sin darnos cuenta, tratamos de acomodarnos, de resguardarnos, de protegernos. De alguna manera, buscamos la forma de que los vientos de nuestra Vida, nos golpeen lo menos posible. A veces, en ese afán de refugiarnos, nos lastimamos y nos aislamos; no nos damos cuenta de que la guarida es en realidad una trampa; que nos encierra, nos aprieta, nos hace olvidarnos de nosotros mismos y de nuestros sueños.
Las cosas suceden tan rápido, algunos cambios tan abruptos, que tampoco percibimos que nos están amoldando, manipulando para que ya no seamos más que aquello que alguien que ni conocemos quiere que seamos; porque ya ni nos tomamos el tiempo de estar solos con nosotros mismos, de pensarnos, de recordar qué es lo que queríamos, quiénes queríamos ser cuando teníamos 20 años. Y aunque algunos hayamos duplicado esa edad, y otros tengan menos o más años, no deberíamos ser diferentes de quienes fuimos en un principio; sí haber crecido, mejorado, aprendido… pero ¿nuestra esencia es la misma? ¿O nuestra propia Vida nos va matado poco a poco y no nos damos cuenta?
Yo creo que la única manera de no morir, es viviendo; cambiando, aprendiendo. Salirnos de nuestro refugio, nuestra zona de confort. Mudar el afuera, para poder cambiar / conservar el adentro. Abandonar la crisálida para poder abrir las alas. Así ha sido siempre para mí y así sigue siendo. Siempre digo que he vivido muchas Vidas, porque cada lugar en el que he estado ha sido como una vida, un capítulo en mi historia. Historia que me ha formado a lo largo de los años, en la que he tratado de no dejar morir ni mis sueños ni mi esperanza.
Por eso, en un punto decidí abrir un nuevo capítulo; volver a partir. Pero irse no es fácil. Cambiar duele, la incertidumbre por lo que pueda venir, por lo desconocido, es paralizante. Todas las veces ha sido lo mismo, pero hoy, es un poquito peor. Uno nunca se acostumbra a partir. En absoluto. Siempre invaden los miedos, los temores por lo que puede llegar a venir, la incerteza por lo desconocido; me pregunto una y otra vez, si realmente todo lo que estoy haciendo vale la pena. Me pregunto hasta qué punto se puede llegar, y para qué. Me pregunto, si verdaderamente hay un sitio hacia donde ir o un motivo para hacerlo. Si vivir esta Vida que tenemos comprende algún objetivo, o si es simplemente eso... una sumatoria de experiencias, de días vividos. No, no encontré las respuestas para esas preguntas. Pero sí, sé muy bien lo que siento, y siento, una vez más, la necesidad de renacer. Renacer… cuantas veces sea necesario.
Entonces, en medio de este ataque filosófico, me pregunté: “¿Qué ha sido de mi vida?” E, inmediatamente, empezaron a aparecer en mi cabeza: nombres, caras, lugares, cosas, situaciones… algunas divertidas, otras no tanto; momentos muy felices; otros dolorosos o muy tristes. Lo particular, y en lo que no había reparado antes, es que en ninguno de esos instantes estuve solo. Aunque más no fuera en mi pensamiento, siempre tenía alguien junto a mí. Eso me reconfortó.
Ya dije, nunca es fácil irse, pero tampoco lo es volver. Cada vez que lo he hecho he tenido la sensación de tener que empezar de nuevo. Y todo comienzo es doloroso; tanto o más que los finales. A nadie le gusta el dolor e instintivamente tratamos de evitarlo. Quizá por eso, hoy surjan todas estas dudas y preguntas. Debe ser mi subconsciente hablando; tratando de resguardarme en lo seguro, lo conocido. En la vieja guarida apaga sueños.
Pero en mi recorrido imaginario por los años que he vivido, pude ver que mi historia, como la de todos, no es sino una sucesión de hechos y que los mismos están protagonizados por personas. Algunas, como ustedes, podrán, hoy, leer estas líneas; y otras, lamentablemente una gran mayoría, se han quedado en diferentes rincones del camino; bueno, espero que ellos, también puedan saber, de alguna manera, esto que ahora siento y que necesito expresar.
Lo que quiero decir es: Gracias.
Gracias, por hacerme llegar a la conclusión de que podría morir mañana sintiendo que he tenido una vida buena y feliz. Y que si hoy tengo que hacer un balance de todo lo que me ha tocado vivir, éste sería muy positivo. Que no me queda mucho más por pedir; y hasta casi siento que no tengo el derecho de hacerlo. He tenido (y tengo) todo lo que un ser humano puede anhelar: una familia que siempre me espera. He conocido el AMOR (así con letras mayúsculas) no una, si no, dos veces. Siempre supe cual era mi vocación o qué quería hacer con mi Vida. He tenido, en cada lugar, muy buenos amigos. Y cada uno de mis días he tenido mi gran motor, que es este gran sueño por el que voy y vengo y es el que me empuja, siempre, a seguir adelante…
He viajado, he leído; he volado y he caído. He acertado y me he equivocado (tantas veces). He elegido con quien quería estar y con quien no. He soñado y he visto mis sueños hacerse realidad. He querido y he tenido. He necesitado y he brindado. No tuve casa y siempre me han abierto una puerta. He amado y he sido correspondido. He ignorado y he aprendido. He llorado y siempre apareció alguien para devolverme la sonrisa. Por todo eso, gracias.
Gracias a mi vieja, por el amor incondicional y las esperas en silencio. Gracias por enseñarme a dar los primeros pasos. Por ser el lugar, al que sé que siempre podré volver. Gracias a mis hermanos por no hacer preguntas y por no juzgar, ustedes me recuerdan y mantienen en contacto con el niño que un día fui y que siempre quiero seguir siendo. Gracias a mi viejo, donde quiera que esté; por mostrarme, sin querer, lo que no se debe hacer; por hacerme ver que todos somos humanos y como tales, cometemos errores.
Gracias a mi primer amor por sacarme a la vida y darme alas. Gracias por enseñarme a amar, a soportar y perdonar. Por ser mi modelo y ejemplo. Por estar siempre en mi Vida. Por ser el pasado, el presente y el futuro.
Gracias a mis compañeros de colegio, por haber sido mi contención en mi momento más difícil. Gracias a los viejos amigos, a tíos y primos, por estar cada vez que he vuelto, por saber entender los silencios.
Gracias, a quienes fui conociendo en el camino, por haber sido mi familia en cada sitio en que he vivido; por las largas charlas y la enorme ayuda que jamás podré retribuir. Gracias a cada uno, por darme esa mano, confiar en mi y tornar a un absoluto “Don Nadie” en alguien importante para sus vidas. Gracias a los nuevos amigos que surgen y surgirán cada día, por hacerme ver que aún hay gente buena en la que se puede confiar.
Gracias a vos, mi gran amor del presente, porque sos hace ya muchos años mi Hogar, mi GRAN Esperanza. Mi contención. Gracias por el mañana que me regalás; que ya está casi llegando, aunque ahora venga un tiempo de distancia. Gracias por amarme aún sabiendo lo que soy, por tu gran amor a pesar de mi mismo, gracias por seguir eligiéndome. Por aceptarme, a pesar de tantos errores. No te olvides que vos estás en mi corazón siempre; y te esperaré, cada mañana.
Gracias también a los que me hirieron, a los que me hicieron sufrir, porque también me han hecho más fuerte y me han obligado a aprender, a sobrevivir; a ser una mejor versión de mi mismo.
Gracias a TODOS los que han aparecido en mi vida y que, sin darse cuenta, de alguna manera, me han ido moldeando. Gracias a los que vinieron y se fueron, porque siempre dejaron algo.
Gracias a Dios por todos ustedes; por los que se fueron y por todos aquellos que vendrán. Porque son los que me han dado y me dan fuerzas para seguir. Porque son el camino y el recorrido. La causa y el efecto. Porque son lo que soy yo; porque son mi Vida.
Alguien me dijo alguna vez: "cuando se parte, hay que tratar de llevar el menor equipaje posible para hacer que el viaje más liviano y fácil". Pero lo que se ama nunca es una carga, es el combustible. Porque el Amor es nuestra Alma y el Alma lo es Todo.
Qué alentador resulta sentir que cada paso que uno da, esta apoyado, seguido y alentado por tanta gente. Qué bueno es saber que siempre aparecerá un Ángel de la Guarda y que nos ayudará en el momento en que nos creamos vencidos. Que nada de lo hecho es en vano. Que los que estuvieron, siempre estarán. Que el tiempo y la distancia no son factores capaces de alterar un sentimiento. Que así, como ustedes forman parte de mi vida, lo que yo haga también formará parte de las suyas.
Por último, me gustaría pedir Perdón. Por las ausencias, y por los silencios. Por el cariño que me guardé y las palabras que no me atreví a pronunciar. Por el llamado que no hice; por la expectativa no cumplida. Por las idas y vueltas. Por tantas respuestas que he preferido no dar. Por el egoísmo y el arrebato. Una disculpa enorme a todos aquellos que ya no veo tan seguido, pero que, sin ninguna duda, siento que están aquí y siempre van a estar.
Y perdón a tantos y por tantas cosas más, que sería imposible enumerar. Pero también equivocarse es parte del aprendizaje, del despertar, del crecimiento. Y cuán bello es darte cuenta que quien te quiere, te acepta tal cual sos; y ese, tal vez, sea el más grande ejemplo que uno deba aprender para, aprender también a quererse y a aceptarse, tal cual le ha tocado ser.
Hoy elijo volver a irme; para seguir recogiendo experiencias, con la seguridad de que el viaje es solo una ilusión física, un estado momentáneo; incapaz de modificar lo esencial, lo real, lo verdadero. Porque estoy donde estuve y estarán los que estuvieron. Porque el pasado no cambia; y el futuro no será sino lo que es HOY, más lo que nosotros queramos que sea. Y, por supuesto, que todos queremos amar, ser amados y ser felices.
Espero no haber molestado a nadie con este texto tan largo; que, para mí, es más que sensiblería, o simples palabras. Eran palabras que necesitaba expresar.
Y todos aquellos que, en estos momentos están leyendo estas líneas pueden estar seguros de que han sido escritas por y para ustedes.
La mayor de las suertes para todos nosotros y ojalá nunca olvidemos que lo mejor, siempre, está por venir; que nos tenemos aunque no nos tengamos. Y que nos veremos pronto, a la vuelta de cualquier esquina, en el instante menos esperado.
Gracias a la Vida, porque aquellos que llegan, ya nunca se van.
Los llevo siempre conmigo y los quiero mucho,
Gas.

LEONEL









LEONEL






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Gastohn Barrios










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